Sentadas, las personas en la sala rumorean por lo bajo, excitadas y espectantes. Quieren sangre. De improviso, el silencio. Corta el aire una mirada glacial. Ha llegado el juez. No hay esperanzas para el acusado, el juez nunca ha perdido. Una mujer se humedece los labios con la lengua. Un reportero garabatea su libreta, ya llega la sentencia.
Es tiempo. Con sonrisa altiva y cruel, seguro en su silla, su corte, su reinado. Lo ha vuelto a hacer. Su palabra es la ley, su decisión la muerte. -¡Llévenselo!
Al levantarse, deja escapar un suspiro de satisfacción al ver por la ventana como preparan al condenado. Ya están listos los maderos.
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